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Un llamado a la ciencia abierta

El mundo atraviesa una situación que recrudece las contradicciones sociales que de otro modo se encuentran atenuadas, localizadas y simplemente pasan desapercibidas. En esta entrada hablaré de una que en medio de esta crisis parece un absurdo, pero que por lo general vemos como natural.

En el momento en que escribo este documento, Italia es el segundo país con mayor número de contagiados por detrás de Estados Unidos, pero con la mayor cantidad de muertos. La COVID-19 ocasiona complicaciones respiratorias que pueden ocasionar la muerte si no se recibe el tratamiento adecuado. En muchos casos, los pacientes necesitan de respiración asistida lo que hace que las máquinas de respiración se transformen en un recurso escaso ante un virus con tal capacidad de contagio.

Si la «vida es sagrada» como afirman tantas personas, incluyendo al mandatario de Colombia, frente a temas como el aborto; si la vida es un derecho humano fundamental y tan primario que sin él no tiene sentido hablar de otros derechos humanos, entonces la respuesta que esperaríamos de la sociedad es que todos los recursos se dirijan hacia la protección de la vida y de la salud humana.

Para sorpresa de muchos, aunque no para mi, en tiempos como este, se sigue colocando en una balanza la vida, de un lado, y los intereses económicos de unos pocos, en el otro. Los países latinoamericanos contaron con ventaja para prepararse para la crisis sanitaria que se venía y sin embargo tardaron mucho en asumir las medidas necesarias, afirmando que la economía no puede parar así como así. Realizaban un tanteo en espera de ver cómo avanzaba la pandemia y cada día tardío resultó o resultará, seguramente, en muchos decesos, especialmente para países con sistemas de salud tan paupérrimos como el nuestro.

Mi intención en este artículo, sin embargo, es centrarme en otra situación que ha venido ocurriendo. Miles de personas alrededor del mundo han respondido al llamado a aportar de alguna forma su conocimiento y su trabajo a la crisis. Bien sabemos que los trabajadores de la salud, los campesinos, el personal de farmacias y todos quienes hacen parte de la cadena de suministros básicos, de servicios públicos, entre otros, continúan trabajando. Es casi una obligación de parte de los estados el mantenerlos funcionando. A ellos se han sumado profesores y estudiantes de universidades públicas quienes han querido aportar construyendo equipos médicos de bajo costo, o partes para equipos médicos que no son fáciles de conseguir. En la Universidad Tecnológica de Pereira tenemos un caso en que «unas 15 personas entre docentes y egresados…crearon un prototipo de respirador mecánico debido a la emergencia sanitaria originada por [la] COVID-19». En la Universidad Nacional hicieron lo propio, construyendo respiradores para pacientes con coronavirus.

Alrededor del mundo comunidades de makers, que en español vendría a traducirse como creadores o hacedores, se han organizado en torno a la emergencia que atravesamos. Hablamos de ingenieros, programadores, expertos en electrónica, ingenieros mecánicos, médicos, físicos, etc., quienes se unen con el objetivo de apoyar en la contención de la emergencia. Igualmente, individuos u organizaciones con impresoras 3D, una tecnología que se hace cada vez más accesible aparece como una forma de construir esos suministros y equipos médicos a un relativo bajo costo. Hay proyectos para construir ventiladores de «código abierto», entre muchos otros dispositivos que pueden ser de utilidad para enfrentar la enfermedad.

A todas estas personas las impulsa la idea de ayudar. Aunque no sean conscientes de ello, comparten el espíritu de movimientos anteriores a ellos. Los diseños que han realizados para los respiradores los han liberado como «hardware libre». Cualquier persona puede descargar el diseño e implementarlo ella misma si tiene el conocimiento y los recursos suficientes. No solo eso, cualquier persona puede mejorar el diseño y compartir los cambios con la comunidad. Esa filosofía no nació con el hardware, fue planteada por primera vez en la década de 1980 por Richard Stallman, un hacker del MIT, quien consideró injusto no poder arreglar él mismo una pieza de software que requería la impresora del laboratorio en el que trabajaba.

Stallman decidió que no era ético prohibir arreglar el software e inició el desarrollo un sistema operativo «libre» (de libertad, no de precio) al que hoy conocemos como GNU/Linux. El sistema operativo que inició Stallman es una de las bases que posibilita el funcionamiento de la internet moderna. Stallman consideraba que las licencias «privativas» de software daban un poder injusto sobre los usuarios y planteó que un software ético debe respetar cuatro libertades básicas: el programa se puede usar para cualquier propósito, se puede estudiar cómo funciona el software y modificarlo, se pueden distribuir copias del programa libremente y se pueden compartir dichas mejoras en beneficio de todos. Las licencias de software que conocemos restringen lo que se puede y no se puede hacer. Las licencias libres usan el derecho de autor para permitir la cuatro libertades ya mencionadas. Es un uso opuesto de las leyes de derechos de autor a lo que Stallman llamó «izquierdos de autor» (o copyleft en inglés).

Si nos quitamos por un momento el prejuicio de la «propiedad privada» que tan imbuido está en nuestra sociedad, nos daremos cuenta que copiar es una acción necesaria para que la información digital sea útil. Cuando visitamos una página web, lo que hacemos es descargar una copia de todo lo que vemos en nuestra computadora para luego visualizarla en el navegador. Cuando editamos una imagen estamos copiando el contenido desde el disco duro hasta la memoria RAM de nuestras computadoras para editarla desde allí. Lo «antinatural» es prohibir la copia. Las licencias restrictivas sobre trabajos digitales son una limitación artificial de una capacidad innata de la informática. El objetivo de esa limitación es tratar los programas informáticos como una mercancía más y poder explotarla económicamente.

Las ideas de Stallman se esparcieron por el mundo entero y se adaptaron más allá del software. Al tratar con obras digitales como fotografías, literatura, música, etc. hablamos de Cultura Libre. En el mundo del hardware nos encontramos con el hardware libre que es la utilización del «derecho de autor» para permitir, en lugar de prohibir, ciertas cosas sobre los diseños del hardware para que puedan ser compartidos y mejorados.

En el campo de la ciencia, las publicaciones científicas son de la mayor importancia y, sin embargo, nos encontramos con «barreras de pago» para acceder al conocimiento científico. Mucha de esa investigación científica es financiada con recursos públicos pero los productos finales, incluyendo las publicaciones científicas son apropiadas por privados. Para el caso de los artículos científicos hablamos de las grandes casas editoriales de literatura científica. Los impuestos de la gente pagan por esa investigación, y las universidades públicas, posteriormente, pagan una vez más para acceder a las publicaciones. El mayor aporte de las revistas es la revisión por pares suele ser realizada por investigadores voluntarios que en muchos casos son empleados de universidades públicas. Es válido preguntarnos: ¿Cuántas veces tiene que pagar la sociedad por el proceso de investigación?. No olvidemos que la ciencia es un ejercicio colectivo; la ciencia y la tecnología moderna descansan sobre hombros de gigantes, y solo puede seguir avanzado de esa forma. Es por ello que muchos científicos e investigadores cuestionan la forma en que funciona este proceso de financiación pública con apropiación privada. Como respuesta, y haciendo eco de los principios esbozados por la comunidad de software libre, adaptados al problema particular, se empieza a hablar de «acceso abierto» y posteriormente de «ciencia abierta».

Tomemos el ejemplo de unos creadores italianos quienes hicieron su aporte a la crisis de su país construyendo respiradores bajo licencias libres. No hay duda de que estaban haciendo lo correcto; actuaban por el bien común. Sin embargo, tienen el temor de ser demandados por los dueños de los diseños de algunas de las partes que utilizaron, las cuales están protegidas por patentes, otro mecanismo cubierto bajo el paraguas de «propiedad intelectual», junto a los derechos de autor, usados para limitar el acceso a los productos de la ciencia y la tecnología.

¿No le parece absurdo al lector que unos bienhechores teman por consecuencias legales en medio de una crisis?. Las crisis mundiales son periódicas, más no son constantes. Sin embargo, existen regiones del planeta, las más pobres, que llevan siglos en crisis. Muren por falta de agua, por hambrunas, por condiciones sanitarias que reducen la esperanza de vida. Mueren por enfermedades que tienen cura o tratamiento, por las cuales una persona de los llamados «países desarrollados» difícilmente moriría. La cura está, pero el derecho a la propiedad, que debería llamarse más bien, el derecho a la acumulación, está por encima de la vida y de la salud. Las patentes evitan que muchos de estos problemas se puedan combatir como es debido. Las soluciones están, o cuando menos, los recursos y esfuerzos para encontrarlas sobran. Las relaciones sociales, económicas y políticas las limitan y evitan que se apliquen. Es justo rebelarse contra estas injusticias, como lo han hecho mujeres como Alexandra Elbakyan quien inició Sci-hub, un repositorio de artículos académicos «ilegales» y quien se encuentra actualmente refugiada en Rusia por su «crimen». ¿Cuál es el verdadero crimen?.

El llamado es una ciencia abierta, pero sobre todo, a una ciencia para el pueblo que no puede más que ser una ciencia con el pueblo. Debemos ocuparnos de los problemas que acucian a la humanidad. Lo que evidencia el caso como el italiano, o el de las universidades colombianas en medio de la crisis es que el potencial está allí. Me imagino esta misma fuerza de creadores, una fuerza creadora al servicio del pueblo, de los problemas que más afectan a la gente, y un estado que lo posibilite, como es debido. Y más allá, una sociedad realmente apropiada de la ciencia y de la tecnología en todos los niveles, es decir, una verdadera socialización de la ciencia.

El virus se convirtió en el catalizador de una crisis económica. Si dejamos de fijarnos por un momento en el tipo de economía al que estamos acostumbrados y fijamos nuestra atención hacia otro lado, empezamos a ver las semillas con un enorme potencial que encarnan un verdadero progreso social.

Afilando el pensamiento crítico

Como mencioné en mi entrada anterior, creo que existe una ignorancia estructural. La única forma de combatirla es realizando transformaciones profundas en las estructuras que la ocasionan. Eso no quiere decir que no sea posible manejar algunos hábitos a nivel individual al enfrentarnos a la información proveniente de redes sociales. Es posible «afilar» nuestro pensamiento crítico.

Cada que recibamos algo por internet, debemos pasarlo por el filtro de la crítica. No podemos ser partícipes de difundir desinformación. Pero, ¿cómo sabemos si algo es confiable o no?. Entre las noticias que circulan hay afirmaciones «extraordinarias». El bicarbonato de sodio curando el cáncer o el nuevo coronavirus. Como decía Carl Sagan: «afirmaciones extraordinarias requieren siempre de evidencia extraordinaria». Los bulos de internet nunca tienen evidencia que los sustente. A veces apelan a la autoridad afirmando que es un médico o un enfermero quien habla, pero, ¿cómo sabemos que quien habla es realmente quien dice ser?. Otra veces apelan a emociones como el miedo, como sucede en la crisis que ocurre en este momento.

Las teorías «conspiranóicas» siguen el mismo patrón. No han faltado las afirmaciones de que el sars-cov-2 fue creado en un laboratorio por esta o aquella potencia, para usarla contra su rival. No hay evidencia de ello y en cambio, se ha encontrado un parecido genético entre el nuevo virus y los coronavirus encontrados en murciélagos. Al parecer, pasó por otras especies antes de llegar a nosotros. En China han tomado medidas contra el comercio de animales exóticos a causa de ello.

Recordemos siempre que nuestra percepción de la realidad se ve distorsionada por sesgos y existe uno especialmente importante a la hora de filtrar información; el «sesgo de confirmación». Resulta que somos muy propensos a aceptar acríticamente toda evidencia que apoye nuestros prejuicios. Y, de manera complementaria, descartamos con mucha facilidad aquella evidencia que refuta lo que creemos, si es que la vemos. Para decirlo de otro modo, y aplicado al caso de la [des]información de internet: si algo que nos llega apoya lo que ya creemos, debemos ser doblemente críticos. Y hay que prestarle una especial atención a aquella evidencia que contradice nuestras creencias.

He escuchado a gente de izquierda aceptar teorías «conspiranóicas» de que el ser humano no fue a la Luna con el único «argumento» de que lo hizo Estados Unidos. Lo aceptan con gran facilidad porque tienen un prejuicio contra todo aquello que provenga del norte de nuestro continente. Esta conspiración solo sirve para reforzar lo que ya creen y la aceptan con gran facilidad. Por el contrario, deciden ignorar (consciente o inconscientemente) que en ningún momento la Unión Soviética llegó a decir que el alunizaje fuese un montaje. Ellos, a quienes más les convenía que lo fuera, y que contaban con muchos de los mejores científicos del momento, lo rechazaron. Y esa misma izquierda (que he escuchado llamar «izquierda regresiva») acepta sin cuestionamiento todo lo «natural» (aunque resulte absurda la dicotomía), todo lo «indígena» (aunque no lo sea) y todo lo «ancestral» (aunque lleve unos pocos siglos). Rechazan las religiones hegemónicas pero consideran revolucionarias todas las tendencias «new age» y se suman con facilidad a rituales propios del pensamiento mágico. Esa incoherencia no puede considerarse «pensamiento crítico».

La actitud que describo en estos párrafos forma parte del escepticismo científico. Debemos fomentar una duda razonable frente a ese mar incontenible de información poco confiable.

La fuente importa mucho en estos casos. Es muy sencillo crear páginas en internet. Abundan los blogs creados y abandonados con apenas un par de entradas. Se reconocen fácilmente porque terminan en dominios .wordpress o .blogspot, entre otros. No es que no existan muchos blogs valiosos bajo estos dominios, pero si es un blog que no conocemos, cuyo autor no sabemos quién es, con apenas unas pocas entradas, seguramente no es de fiar. Hay que contrastar la afirmación con otros sitios de mayor confianza.

Una búsqueda en google suele bastar para encontrar una misma noticia en sitios más confiables. Si aparece replicado en portales periodísticos como El Espectador o Semana, por mencionar ejemplos nacionales, probablemente es de fiar. Para el caso de la pandemia que atravesamos, la OMS suele ser una fuente confiable de primera mano.

Las noticias falsas y la «posverdad» se han venido transformando en un gran problema, al punto que han aparecido movimientos internacionales de algo llamado «fact-checking», que en español vendría a ser algo así como chequeo o verificación de hechos. Contrastar nosotros mismos cada noticia que nos llega por las redes sociales sería una labor imposible de hacer. Por suerte existen organizaciones que se dedican a hacerlo. Una que recomiendo mucho en nuestro país es ColombiaCheck: https://colombiacheck.com/

Forman parte de una red internacional de «fact-checking» y si revisan su página de inicio, verán que han redoblado esfuerzos contra las noticias falsas del coronavirus. Ellos toman memes que circulan por internet en forma de fotos, audios, vídeos y noticias para comprobar las fuentes y afirmaciones que realizan. Luego escriben análisis donde indican si cada parte es «verdadera», «verdadera pero…», o «falsa». En algunos casos consultan expertos, en otros verifican que una imagen que dicen es de un año, realmente corresponde a ese año o es de un evento pasado. En las afirmaciones hechas por políticos en muchos casos les solicitan a ellos mismos que indiquen de qué lugar tomaron los datos que mencionan.

Es una página que consulto continuamente porque hacen ese difícil y a veces tedioso trabajo. He notado que cada vez son más rápidos en chequear los hechos.

En fin. Debemos asumir una actitud de «no tragar entero». Las acciones concretas para no ser engañados son muchas y muy variadas.

Las fake news y la pandemia

Todos los sucesos modernos se ven permeados de una u otra forma por las redes sociales y el internet. La pandemia por la que atravesamos y la crisis venidera no es la excepción.

Es así como cada día circula una cantidad innumerable de [des]información por las redes en forma de publicaciones de Facebook, tweets, imágenes, vídeos, audios de whatsapp y textos. Lamentablemente, una buena parte es información falsa o parcialmente falsa. A veces consideramos que el desconocimiento de la realidad objetiva es inofensivo, como cuando hablamos de las creencias idealistas individuales. Yo, sin embargo, considero que las creencias irracionales, así como el pensamiento idealista en general, tienen consecuencias negativas que por lo general no se aprecian de manera directa o al corto plazo.

La imposición de los dogmas religiosos a los seres humanos desde niños cierra sus mentes al cuestionamiento, a la curiosidad y al pensamiento crítico. No hay nada que hacer, cuanta más fe «ciega» tenga una persona, menos abierta estará a aceptar la evidencia que rechace sus creencias. Quienes creen lo hacen «a pesar de» el cúmulo de evidencias en su contra, como lo vemos en el caso de la ciencia de la evolución. Las consecuencias de esa imposición ideológica a los niños solo se verá durante su etapa adulta.

El nuevo coronavirus llamado COVID-19 es muy contagioso. Los expertos recomiendan el aislamiento social y un régimen muy estricto de lavado de manos, junto a otras medidas. Sin embargo, se han visto casos en el mundo de pastores que llaman a sus «fieles» a violar las cuarentenas para asistir a los cultos. Y es que si creo ciegamente en mi dios o en mi religión, y le atribuyo características sobrenaturales, pues creeré también que me puede curar o proteger de esta enfermedad. Si no lo creo, estaré dudando, y las dudas no son bien recibidas dentro de estas ideologías.

Las religiones no son la única traba a tomar medidas efectivas en una crisis como esta. Dentro de las cadenas de Whatsapp que circulan todos los días aparecen numerosas curas, algunas, totalmente absurdas, y otras sin ninguna evidencia. He escuchado en los grupos familiares del bicarbonato, el cloro, el vodka (porque tiene alcohol) y recientemente escuché de la hidroxicloroquina (un medicamento contra la malaria) y la azitromicina (un antibiótico que me han recetado contra la amigdalitis).

Y resulta que esta última combinación está siendo probada por la comunidad científica y ha mostrado resultados prometedores. Sin embargo, su uso no ha sido aprobado. Algo que los lectores deben recordar en todo momento es que todo tratamiento médico está compuesto de unos medicamentos y unas dosis espaciadas por una determinada cantidad de horas. Algunas veces me han mandado a tomar dos pastas de acetaminofen cada 6 horas, otras veces tan solo una cada 8. La gente olvida que todo eso depende de la enfermedad que tengamos y solamente un médico puede determinarlo.

Con esas cadenas no faltará la persona que se sienta enferma y decida comprar azitromicina en su farmacia más cercana. Y ha pasado; la BBC reporta que una persona murió por consumir un producto de limpieza de piscinas que contiene el mismo compuesto activo que la hidroxicloroquina.

Según la Cruz Roja, las noticias falsas tienen un impacto negativo en la velocidad de reacción frente al coronavirus, lo cual es muy preocupante teniendo en cuenta que no existe una vacuna, y la única forma en que los sistemas sanitarios del mundo podrán atender la emergencia es ralentizando el avance de la enfermedad. La vacuna quizá venga a mediados del 2021, y la sociedad adquiere lentamente inmunidad al virus (aunque no sabemos aún cuánto tiempo dura dicha inmunidad). Si se expande con demasiada rapidez, muchas personas estarán en riesgo de morir.

Pero creo que la discusión va más allá: la necesidad de pensamiento crítico que se evidencia en momentos como este, y en los discursos educativos, choca contra ciertos valores de la sociedad capitalista moderna. Miremos nada más el caso de la publicidad. La publicidad busca muchas veces todo lo opuesto de la verdad. En algunas ocasiones, las compañías invierten enormes recursos para esconder la verdad cuando no le conviene a su negocio y por sobre la salud y el bienestar humano. Aquí en Colombia han llegado a censurar publicidad que cuestiona el impacto del azúcar en la salud porque afecta los intereses de las empresas de gaseosas.

¿Cómo promover el pensamiento crítico y a la vez continuar con una sociedad de consumo?. Las compañías piensan continuamente en cómo producir más y más mercancías y servicios, a la vez que promueven el consumo de los mismos. Hablamos de un proceso no planificado. Esa es la contradicción. La sociedad moderna es un caldo de cultivo para las «fake news». Tenemos ciudadanos no educados, por un lado, y la capacidad tecnológica de crear contenidos y propagarlos por el mundo con gran facilidad, todo esto junto a una forma de organización social que en su núcleo necesita de gente ignorante en las cuestiones más básicas de la ciencia para poder sostenerse y subsistir.

Tanta es la preocupación reciente frente a las «fake news» que plataformas digitales como Google o Facebook han tenido que implementar medidas para controlar las noticias falsas. No solo lo hacen por el coronavirus sino que lo han venido planteando e implementando desde que se demostró el impacto que pueden tener en las elecciones democráticas, sobre todo en países desarrollados. Sin embargo, plataformas como Whatsapp no pueden regularse porque el contenido se envía cifrado desde un extremo al otro, lo que quiere decir que la compañía no puede acceder fácilmente al contenido sin recurrir a prácticas cuestionables o ilegales y sin que su imagen se vea afectada por ello.

¿Qué podemos hacer frente a este problema?. En una próxima entrada escribiré alguna ideas al respecto.

El Universo a sus pies

En internet es muy fácil encontrar experimentos científicos para realizar en clase. Es igualmente fácil adquirir libros con experiencias para nuestros estudiantes. Todas estas ideas, sin embargo, carecen de un enfoque pedagógico adecuado, y muchas veces no entregan siquiera las bases científicas que las sustentan.

Esto no pasa con el libro El Universo a sus pies, cuyo subtítulo es: actividades y recursos para astronomía. Editado por Andrew Fraknoi y Dennis Schatz, reconocidos profesores y educadores en ciencia, es un libro que recopila una enorme cantidad de actividades para realizar con nuestros estudiantes, todos en relación con la astronomía.

Está escrito con unos principios pedagógicos concretos. Uno de sus lemas es «poner al estudiante en la posición de pensar y actuar como un científico». Objetivo que cumple a través de decenas de actividades educativas con una estructura que nos permite a los docentes aplicarlas y adaptarlas a nuestras necesidades y particularidades.

El libro inicia con una serie de artículos dedicados a sustentar la filosofía del libro, a dar sugerencias para la enseñanza de la astronomía (y de la ciencia en general), así como consejos para nosotros mismos crear nuestras propias actividades.

Luego de esa introducción y discusión sobre enseñanza y aprendizaje, el libro de divide en secciones para tratar las fases de la Luna, el Sol, el porqué de las estaciones, las estrellas, los cometas y meteoritos, nuestro sistemas solar y hasta una sección dedicada a defendernos de la astrología.

He tenido la oportunidad de aplicar varias de las actividades propuestas en mis clases y he recibido una muy buena acogida de parte de los jóvenes. Cada actividad tienen un rango de edad adecuado, aunque, eso si, hay que aclarar que el libro va dirigido principalmente a estudiantes de secundaria. Varios de los problemas, como están planteados, no son adecuados para niños de grados inferiores, ya que no están aún en una edad para entender las ideas y conceptos enseñados.

A mi parecer, es uno de los mejores libros para la enseñanza de la ciencia que he leído. Y la astronomía es uno de esos temas que más atrapan la atención de los chicos. Tuve la suerte de adquirir a buen precio otro libro de Fraknoi con actividades sobre el Sol del que espero escribir un comentario cuando haya leído y aplicado su contenido.

Conclusiones: Especialización

Los niños y jóvenes de hoy en día nacen conociendo las nuevas tecnologías y participando, por iniciativa propia en las nuevas dinámicas que permiten. No incorporarlas, teniendo en cuenta sus posibilidades y esa realidad, es un error.

El proceso del Club de Ciencia, a diferencia de, por ejemplo, la especialización en TIC, es principalmente presencial. No se puede, ni se debe desarrollar de manera virtual. Sin embargo, las TIC pueden potenciar y aportar enormemente al proceso.

Es bastante fácil encontrar recursos educativos digitales para profundizar, o tener un punto de vista distinto de lo ya tocado en clase. Aunque hay muchos de calidad regular, en algunos sitios de confianza (como la NASA para mi caso particular) es posible encontrar muy buen material. Y así fue para el tema que abordamos.

Las TIC ofrecen conectividad, la cual hemos aprovechado con el grupo de WhastApp, compartiendo imágenes y enlaces. Los mismos recursos educativos usados se pueden compartir para que los estudiantes exploren por su propia cuenta.

Siendo una experiencia que apenas está empezando, queda mucho por explorar en materia científica, pedagógica y tecnológica. Al tener internet y computadoras, tenemos una cantidad muy grande de información y de personas a nuestro alcance con las cuales interactuar. También es una oportunidad para educar a los integrantes del Club en cómo aprovechar esa información y desechar la desinformación (como las fake news).

En fin, por donde se vea, las TIC son una realidad que hay que utilizar de la mejor manera posible en procesos como este.

Opinión de estudiantes - Fases de la Luna

Luego de un proceso de cerca de dos meses con el Club de Ciencia, en el que, aparte de las actividades de la Luna, también hemos trabajado alrededor de otros problemas como el flujo del calor y el aire.

Los integrantes han variado, teniendo un máximo de 10 estudiantes en algunos momentos y un mínimo de 3, que es la cantidad que finalmente se estabilizó.

Reconocemos la dificultad de iniciar un proyecto de ciencia en un espacio como la Casa Cultural, en un barrio difícil del municipio de Dosquebradas. A diferencia de los colegios, los estudiantes asisten y son constantes por iniciativa propia. Ello tiene sus ventajas y desventajas.

Siendo únicamente tres en la última actividad realizada, decidí que el «instrumento» podía ser tan sencillo como un diálogo colectivo en el que daban respuesta a algunas preguntas planeadas.

Por un lado, les pregunté sobre su opinión de todo el proceso de las fases de la Luna. La respuesta es positiva. Dieron respuestas como el que aprendieron cosas desconocidas para ellos e interesantes.

Sobre la incorporación de las TIC en el Club de Ciencia, la respuesta fue muy positiva. Les parece que vale la pena, no solamente para los modelos estudiados, sino para investigar y aprender cosas nuevas. Les parece que usarlas es importante e incluso proponen que al mirar los temas, hagamos uso de las computadoras para investigar los temas que toquemos.

Definitivamente, intentaré incluir en las actividades y a manera de apoyo las TIC.

Actividad 4: Modelos digitales de la Luna

Con el fin de cerrar la secuencia de actividades sobre la Luna y sus movimientos, decidí utilizar recursos educativos digitales que simulen los tres cuerpos celestes estudiados en las actividades anteriores.

La Casa Cultural cuenta con unos equipos antiguos donados por algunas empresas. Una buena parte de esos equipos están dañados y hasta ahora hemos podido recuperar tres. Una persona externa se ofreció a donar el pago mensual de internet y otra persona donó cables y equipos para montar una red local sencilla. De esa forma, queremos crear una sala virtual comunitaria.

Encontré una simulación de las fases de la Luna que incluye los rayos del Sol, la Luna y la Tierra. Se parece un poco al modelo construido con la bombilla y la esfera de poliestireno expandido. Con esta simulación pude redondear las ideas ya discutidas y repasarlas.

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Figure 1: En la sala virtual comunitaria (Archivo propio)

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Figure 2: En la sala virtual comunitaria (Archivo propio)

Con ese mismo modelo revisamos nuevamente la rotación sincrónica de la Luna, haciendo notar que a la vez hay rotación y traslación y que se hace en el mismo tiempo 27 días y 8 horas.

Incluí también un modelo de eclipses lunares, aunque es menos claro que el anterior y uno de eclipses solares hecho en geogebra.

Actitud de los estudiantes

En general, los niños son muy receptivos con las nuevas tecnologías. El solo hecho de ir a la sala de computadoras, vieja como es, les generaba emoción e interés. Permití que se tomaran algo de tiempo para ellos mismos explorar un poco en internet.

Utilidad de las TIC

Me parece que las TIC fueron un buen apoyo a la secuencia que ya tenía planeada. Una de las ventajas que ofrecen los modelos es la interactividad, así como el costo nulo (ya están desarrollados en internet y solo requieren de un computador y conexión).

Inconvenientes y aciertos

La sala con la que cuenta la Casa Cultural tiene equipos muy viejos, y no todas las simulaciones corren como era de esperarse. Llevé mi propio portátil para apoyar.

En general, los niños respondieron bien, pero internet también puede ser una distracción para ellos.

Actividad 3: Las caras de la Luna

Al observar con detenimiento fotografías de la Luna en sus diferentes fases, se hace evidente que las «manchas» y cráteres son los mismos, sin importar la fase, la fecha del mes o la hora del día en que la observemos.

De allí concluimos que la Luna, siendo esférica, nos muestra siempre la misma cara.

Eso no quiere decir que no exista una segunda cara de la Luna, la llamada «cara oculta» (o mal llamada «oscura», porque esa cara también puede recibir luz del Sol). La primera imagen de esa parte de la Luna, jamás vista hasta ese momento, fue tomada por una sonda de la Unión Soviética.

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Figure 1: Fotografía de la cara oculta de la Luna tomada por la misión Apollo 16 de la NASA (Tomada de la Wikipedia)

La actividad consiste, primero, en reconocer el fenómeno de que la Luna da la misma cara siempre. Eso se puede realizar mostrando imágenes de la Luna en distintas fases y reconociendo los cráteres y valles en cada una. Tienen nombres de personajes importantes como Kepler, Aristarco, Tycho; de filósofos de la antigüedad como Platón, o de mares, como el mar de la tranquilidad (antes de que Galileo observara la Luna por un telescopio, se pensaba que eran mares.

Una vez reconocido que la Luna da siempre la misma cara, cosa que también se puede mirar si ha pasado tiempo suficiente de la actividad de observación propuesta anteriormente, y que se conozcan también los nombres de varios de sus cráteres y mares, procedemos a escribir dichos nombres en hojas de bloc, e igualmente, se marcan dos con Luna y Tierra.

En este modelo, un estudiante asume el papel de Tierra y se pega en su cuerpo el respectivo papel, mientras que otro asume el papel de nuestra Luna, y se ubica la hoja con el nombre y con los cráteres. Eso sí, todos los cráteres deben ir adelante para de esa forma identificar cuál es la cara que siempre da a la Tierra.

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Figure 2: La Luna y la Tierra en el modelo (Archivo propio)

Ahora se le debe pedir a la Luna que gire en una órbita circular a la Tierra, pero siempre mostrando los cráteres y su parte de adelante. El docente debe ayudar mucho, con las preguntas adecuadas, más sin dar las respuestas, a que los estudiantes identifiquen los diferente movimientos de rotación y traslación que realiza la Luna. En este caso no nos interesan los movimientos de la Tierra, que tan solo sirven como referencia al centro de la circunferencia.

Luego de jugar un rato con el modelo, hay que entender qué condición debe cumplir la rotación y la traslación que realiza la Luna para de esa forma llegar al concepto de rotación sincrónica.

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Figure 3: Movimiento alrededor de la Tierra (Archivo propio)

Actitud de los estudiantes

Los estudiantes mostraron disposición a la realización de la actividad y a tratar de responder las preguntas que realicé en aras de entender el fenómeno de rotación sincrónica.

Utilidad de las TIC

Las tecnologías se presentan como la forma más práctica de mostrarles a los estudiantes imágenes, vídeos y audio. En este caso, es muy simple buscar imágenes de la Luna adecuadas para la actividad, así como fotografías que incluyan etiquetas con los nombres de cráteres visibles.

El proyecto ayuda a, con un solo computador, mostrar la imagen a todo el grupo.

Inconvenientes y aciertos

La actividad es bastante efectiva y le exige a los estudiantes pensar. Sin embargo, es adecuada para las edades de 10 en adelante. Aunque exige esfuerzo, es posible para ellos, con la orientación adecuada, el llegar a las respuestas.

En cuanto a inconvenientes, el que tengo es que asistió un estudiante de muy corta edad; 6 años. No tenía nada preparado para él.

Referencias

Andrew Frankoi, D. S. (2002). El Universo a sus pies (P. Astro, ed.). Sociedad Astronómica del pacífico.

Actividad 2: La Luna, sus fases y los eclipses

Para la realización de esta actividad se empezó por obscurecer el salón de clases con bolsas negras de basura. Gracias a que solamente hay una ventana por la cual entra la luz del Sol, no tomó más de 10 minutos el hacerlo. Cuando hice lo mismo en un salón de clases de una institución educativa, y con 40 estudiantes, hacer lo mismo tomaba por lo menos una hora, y requería de muchas bolsas de basura.

Esta actividad consiste en la construcción de un modelo Luna-Tierra-Sol, en el que una bombilla hace las veces de nuestra estrella principal, misma que da el nombre a nuestro Sistema Solar; una bola de poliestireno expandido (comúnmente llamado icopor en Colombia) como la Luna, y las cabezas de cada estudiante tomando el lugar de la Tierra.

La bombilla se ubica en un lugar central, y los estudiantes se paran frente a ella formando una especie de semicírculo. Si hay muchos estudiantes, se puede realizar en grupos. Se inicia por comprender la rotación de la Tierra y como esta causa los días y las noches, suponiendo que Dosquebradas (el municipio de Risaralda en el cual nos encontramos) o Pereira se ubica en la nariz de cada uno.

Posteriormente, deben tomar una bola de poliestireno expandido e introducirla en un lápiz o lapicero para posicionarla frente a sus cabezas. Al simular la traslación que realiza la Luna alrededor de la Tierra girando las bolas alrededor de sus cabezas se nota como las fases de las Luna surgen de manera natural como la sombra que se da en la bola por su ubicación respecto a la bombilla.

Es aquí donde hay que relacionar esta actividad y este modelo con los anteriores, tratando de que los estudiantes mismos deduzcan las fases a partir del modelo, y pidiéndoles que se ubiquen en las diferentes fases de la Luna, así como que predigan el orden de las fases.

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Figure 1: Modelo Tierra-Luna-Sol (Archivo propio)

Una vez hecho esto, se puede aprovechar el modelo construido para entender las causas de los eclipses. Para un eclipse solar basta con ubicar la esfera de poliestireno entre la bombilla y el rostro y ver la sombra que aparece. De allí se puede deducir por qué un eclipse solar no es observable desde toda la Tierra, y también se pueden mencionar conceptos como el de umbra y penumbra. El eclipse lunar se puede simular generando sombra con la «Tierra» (la cabeza) sobre la «Luna» (la esfera). Este modelo, sin embargo, no puede explicar el color rojo que toma la Luna durante este tipo de eclipses, ya que nuestra cabeza no posee una atmósfera que actúe como filtro en la luz.

Para terminar, se pueden usar aros hula hula para mostrar las órbitas del Sol y de la Luna y como estas no se encuentran alineadas. De esa forma se entiende por qué los eclipses no son tan frecuentes como se podría pensar.

Actitud de los estudiantes

La actividad es muy inmersiva para los estudiantes. Al estar su cabeza en el punto de vista de la Tierra, la reacción general frente a la sombra y las fases es de asombro. Es notorio en sus rostros.

Además, con las preguntas y retos adecuados, se puede estimular el que ellos mismos deduzcan las fases.

Aunque hubo algo de desorden por las edades de algunos integrantes (de 10 a 13 años más unos de grado 11 de entre 17 y 20), todos participaron activamente.

Utilidad de las TIC

Las TIC no fueron usadas en esta actividad. Quizá vale la pena mencionar que a través de WhatsApp compartí material extra para entender las fases.

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Figure 2: Los objetos colocados en la posición de la Luna comparten su fase (Tomado de: Astronomía en tu bolsillo)

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Figure 3: Tomado de: Astronomía en tu bolsillo

Inconvenientes y aciertos

A mi parecer, la actividad es un gran acierto porque le entrega a los estudiantes una herramienta mental ubicada en el espacio y en la que ellos mismos pueden pararse para entender, en principio las fases de la Luna, pero, a la larga, otros fenómenos como el porqué la Luna en ciertas fases aparece durante el día y otras en la noche o más tarde. Con la generalización adecuada del modelo, es posible que ellos mismos descubran o razonen conclusiones nuevas más allá de los discutido.

El único inconveniente fue un estudiante nuevo que generó algo de indisciplina. Sin embargo, eso da pie a encontrar estrategias grupales para mantener un ambiente adecuado.

Referencias

Andrew Frankoi, D. S. (2002). El Universo a sus pies (P. Astro, ed.). Sociedad Astronómica del pacífico.