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Actividad 3: Las caras de la Luna

Al observar con detenimiento fotografías de la Luna en sus diferentes fases, se hace evidente que las «manchas» y cráteres son los mismos, sin importar la fase, la fecha del mes o la hora del día en que la observemos.

De allí concluimos que la Luna, siendo esférica, nos muestra siempre la misma cara.

Eso no quiere decir que no exista una segunda cara de la Luna, la llamada «cara oculta» (o mal llamada «oscura», porque esa cara también puede recibir luz del Sol). La primera imagen de esa parte de la Luna, jamás vista hasta ese momento, fue tomada por una sonda de la Unión Soviética.

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Figure 1: Fotografía de la cara oculta de la Luna tomada por la misión Apollo 16 de la NASA (Tomada de la Wikipedia)

La actividad consiste, primero, en reconocer el fenómeno de que la Luna da la misma cara siempre. Eso se puede realizar mostrando imágenes de la Luna en distintas fases y reconociendo los cráteres y valles en cada una. Tienen nombres de personajes importantes como Kepler, Aristarco, Tycho; de filósofos de la antigüedad como Platón, o de mares, como el mar de la tranquilidad (antes de que Galileo observara la Luna por un telescopio, se pensaba que eran mares.

Una vez reconocido que la Luna da siempre la misma cara, cosa que también se puede mirar si ha pasado tiempo suficiente de la actividad de observación propuesta anteriormente, y que se conozcan también los nombres de varios de sus cráteres y mares, procedemos a escribir dichos nombres en hojas de bloc, e igualmente, se marcan dos con Luna y Tierra.

En este modelo, un estudiante asume el papel de Tierra y se pega en su cuerpo el respectivo papel, mientras que otro asume el papel de nuestra Luna, y se ubica la hoja con el nombre y con los cráteres. Eso sí, todos los cráteres deben ir adelante para de esa forma identificar cuál es la cara que siempre da a la Tierra.

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Figure 2: La Luna y la Tierra en el modelo (Archivo propio)

Ahora se le debe pedir a la Luna que gire en una órbita circular a la Tierra, pero siempre mostrando los cráteres y su parte de adelante. El docente debe ayudar mucho, con las preguntas adecuadas, más sin dar las respuestas, a que los estudiantes identifiquen los diferente movimientos de rotación y traslación que realiza la Luna. En este caso no nos interesan los movimientos de la Tierra, que tan solo sirven como referencia al centro de la circunferencia.

Luego de jugar un rato con el modelo, hay que entender qué condición debe cumplir la rotación y la traslación que realiza la Luna para de esa forma llegar al concepto de rotación sincrónica.

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Figure 3: Movimiento alrededor de la Tierra (Archivo propio)

Actitud de los estudiantes

Los estudiantes mostraron disposición a la realización de la actividad y a tratar de responder las preguntas que realicé en aras de entender el fenómeno de rotación sincrónica.

Utilidad de las TIC

Las tecnologías se presentan como la forma más práctica de mostrarles a los estudiantes imágenes, vídeos y audio. En este caso, es muy simple buscar imágenes de la Luna adecuadas para la actividad, así como fotografías que incluyan etiquetas con los nombres de cráteres visibles.

El proyecto ayuda a, con un solo computador, mostrar la imagen a todo el grupo.

Inconvenientes y aciertos

La actividad es bastante efectiva y le exige a los estudiantes pensar. Sin embargo, es adecuada para las edades de 10 en adelante. Aunque exige esfuerzo, es posible para ellos, con la orientación adecuada, el llegar a las respuestas.

En cuanto a inconvenientes, el que tengo es que asistió un estudiante de muy corta edad; 6 años. No tenía nada preparado para él.

Referencias

Andrew Frankoi, D. S. (2002). El Universo a sus pies (P. Astro, ed.). Sociedad Astronómica del pacífico.

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