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Afilando el pensamiento crítico

Como mencioné en mi entrada anterior, creo que existe una ignorancia estructural. La única forma de combatirla es realizando transformaciones profundas en las estructuras que la ocasionan. Eso no quiere decir que no sea posible manejar algunos hábitos a nivel individual al enfrentarnos a la información proveniente de redes sociales. Es posible «afilar» nuestro pensamiento crítico.

Cada que recibamos algo por internet, debemos pasarlo por el filtro de la crítica. No podemos ser partícipes de difundir desinformación. Pero, ¿cómo sabemos si algo es confiable o no?. Entre las noticias que circulan hay afirmaciones «extraordinarias». El bicarbonato de sodio curando el cáncer o el nuevo coronavirus. Como decía Carl Sagan: «afirmaciones extraordinarias requieren siempre de evidencia extraordinaria». Los bulos de internet nunca tienen evidencia que los sustente. A veces apelan a la autoridad afirmando que es un médico o un enfermero quien habla, pero, ¿cómo sabemos que quien habla es realmente quien dice ser?. Otra veces apelan a emociones como el miedo, como sucede en la crisis que ocurre en este momento.

Las teorías «conspiranóicas» siguen el mismo patrón. No han faltado las afirmaciones de que el sars-cov-2 fue creado en un laboratorio por esta o aquella potencia, para usarla contra su rival. No hay evidencia de ello y en cambio, se ha encontrado un parecido genético entre el nuevo virus y los coronavirus encontrados en murciélagos. Al parecer, pasó por otras especies antes de llegar a nosotros. En China han tomado medidas contra el comercio de animales exóticos a causa de ello.

Recordemos siempre que nuestra percepción de la realidad se ve distorsionada por sesgos y existe uno especialmente importante a la hora de filtrar información; el «sesgo de confirmación». Resulta que somos muy propensos a aceptar acríticamente toda evidencia que apoye nuestros prejuicios. Y, de manera complementaria, descartamos con mucha facilidad aquella evidencia que refuta lo que creemos, si es que la vemos. Para decirlo de otro modo, y aplicado al caso de la [des]información de internet: si algo que nos llega apoya lo que ya creemos, debemos ser doblemente críticos. Y hay que prestarle una especial atención a aquella evidencia que contradice nuestras creencias.

He escuchado a gente de izquierda aceptar teorías «conspiranóicas» de que el ser humano no fue a la Luna con el único «argumento» de que lo hizo Estados Unidos. Lo aceptan con gran facilidad porque tienen un prejuicio contra todo aquello que provenga del norte de nuestro continente. Esta conspiración solo sirve para reforzar lo que ya creen y la aceptan con gran facilidad. Por el contrario, deciden ignorar (consciente o inconscientemente) que en ningún momento la Unión Soviética llegó a decir que el alunizaje fuese un montaje. Ellos, a quienes más les convenía que lo fuera, y que contaban con muchos de los mejores científicos del momento, lo rechazaron. Y esa misma izquierda (que he escuchado llamar «izquierda regresiva») acepta sin cuestionamiento todo lo «natural» (aunque resulte absurda la dicotomía), todo lo «indígena» (aunque no lo sea) y todo lo «ancestral» (aunque lleve unos pocos siglos). Rechazan las religiones hegemónicas pero consideran revolucionarias todas las tendencias «new age» y se suman con facilidad a rituales propios del pensamiento mágico. Esa incoherencia no puede considerarse «pensamiento crítico».

La actitud que describo en estos párrafos forma parte del escepticismo científico. Debemos fomentar una duda razonable frente a ese mar incontenible de información poco confiable.

La fuente importa mucho en estos casos. Es muy sencillo crear páginas en internet. Abundan los blogs creados y abandonados con apenas un par de entradas. Se reconocen fácilmente porque terminan en dominios .wordpress o .blogspot, entre otros. No es que no existan muchos blogs valiosos bajo estos dominios, pero si es un blog que no conocemos, cuyo autor no sabemos quién es, con apenas unas pocas entradas, seguramente no es de fiar. Hay que contrastar la afirmación con otros sitios de mayor confianza.

Una búsqueda en google suele bastar para encontrar una misma noticia en sitios más confiables. Si aparece replicado en portales periodísticos como El Espectador o Semana, por mencionar ejemplos nacionales, probablemente es de fiar. Para el caso de la pandemia que atravesamos, la OMS suele ser una fuente confiable de primera mano.

Las noticias falsas y la «posverdad» se han venido transformando en un gran problema, al punto que han aparecido movimientos internacionales de algo llamado «fact-checking», que en español vendría a ser algo así como chequeo o verificación de hechos. Contrastar nosotros mismos cada noticia que nos llega por las redes sociales sería una labor imposible de hacer. Por suerte existen organizaciones que se dedican a hacerlo. Una que recomiendo mucho en nuestro país es ColombiaCheck: https://colombiacheck.com/

Forman parte de una red internacional de «fact-checking» y si revisan su página de inicio, verán que han redoblado esfuerzos contra las noticias falsas del coronavirus. Ellos toman memes que circulan por internet en forma de fotos, audios, vídeos y noticias para comprobar las fuentes y afirmaciones que realizan. Luego escriben análisis donde indican si cada parte es «verdadera», «verdadera pero…», o «falsa». En algunos casos consultan expertos, en otros verifican que una imagen que dicen es de un año, realmente corresponde a ese año o es de un evento pasado. En las afirmaciones hechas por políticos en muchos casos les solicitan a ellos mismos que indiquen de qué lugar tomaron los datos que mencionan.

Es una página que consulto continuamente porque hacen ese difícil y a veces tedioso trabajo. He notado que cada vez son más rápidos en chequear los hechos.

En fin. Debemos asumir una actitud de «no tragar entero». Las acciones concretas para no ser engañados son muchas y muy variadas.

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